Pues así, en conjunto y dependiendo del día, qué quieres, no me veo tan mal; quien más, quien menos echa algo de tripilla a partir de los cuarenta, salvo esas…
Leyendo a la gran Maruja Torres me entero de que las modernas de hoy en día consideran patriarcal llamar consolador al chisme de la alegría a pilas, que muchas utilizamos…
Salgo de casa de buena mañana; quiero tomarme mi café con leche y una porra. Hace mucho que me declaré insumiso ante los protocolos médicos castradores, esos que te estabulan…
Querida Amelia. ¿Tú estás bien? Espero que sí. Yo ando flojo, me pesa el alma, y fíjate que aquí, en el Más Allá, lo único que nos hemos traído de…
Apuró de un trago el culo de ginebra que le quedaba al vaso, poniéndolo de nuevo sobre el mostrador con un golpe seco, exigente, destinado a llamar la atención del…
El papel le temblaba en las manos. Ella lo había dejado sobre la mesa antes de cerrar la puerta despacio, con culpa, ensayando una última y desesperada súplica de perdón….
―Azucena, cariño, abre la puerta, no lo estropees, mujer, que ha sido una semana muy bonita, lo hemos pasado en grande y ahora, por un capricho… Con la ilusión que…
―¡Coño, Gaspar, estornuda para otro lado, que nos estás poniendo perdidos de virus!―protesta Baltasar a la vez que pone un tuero en la chimenea para seguir alimentando el fuego. El…
El funcionario presionaba nervioso el mecanismo retráctil del bolígrafo. Solo el «clic, clic» continuado rompía el silencio denso que reinaba en la habitación, asfixiante, duro, casi palpable, como un muro de concreto. Conchi se aferraba con fuerza al brazo de Hilario, que, incapaz de disimular su ansiedad, seguía con la mirada el hipnótico movimiento del dedo sobre el botón.
«¡Jesús, qué hombre, antes no era así! Cuando empezamos, era como esos dioses hindúes: colorido, sugerente, todo manos, ¡por dios, qué tiempos! Qué quieres, hasta agobiaba un poco, pero lo de ahora».
