Leyendo a la gran Maruja Torres me entero de que las modernas de hoy en día consideran patriarcal llamar consolador al chisme de la alegría a pilas, que muchas utilizamos como alternativa cuando no tenemos a mano un original de carne y hueso en condiciones que llevarnos a la entrepierna. Dice Maruja que para estar al día en esto de la digitalización orgásmica, ella pensaba bautizar al suyo María Auxiliadora, aunque al final optó por «Rodolfo Langostino».
Yo al mío lo llamo Mbappé ―cada una es muy libre de elegir la orientación de sus fantasías masturbatorias―, aunque dadas las circunstancias me convendría quedarme con María Auxiliadora y empezar a hacerle novenas como una loca, porque a mi Juan lo mandan un mes a Canarias, por asuntos del curro, y ya ves qué plan.
Ay, Almudena, van a pensar que estás más salida que el codo de una encimera y tampoco es eso. Pero, hija, qué quieres, cuando brincas de los cuarenta, parece que el reloj biológico te mete prisa, como si dijera: «Niña, espabila que se te pasa el arroz», y los estrógenos, que andan echando cuentas y no les salen, reclaman su espacio.
Además, qué coño, que en mi familia todas hemos sido de progesterona floja. A mi tía Petra le decían, por mal nombre, Coto de Doñana, porque siempre estaba con el humedal a punto.
Oye, no te equivoques, que yo no voy buscando guerra fuera de mi casa; mi Juanito me tiene contenta y lo de Mbappé es compartido; me lo regaló él, no te digo más. A ver, compartido hasta cierto punto, que en eso mi chico es más conservador que el manual de instrucciones del rosario; anda que no me gustaría a mí abrirle los ojos―o por lo menos uno―, con un buen arnés sujeto a mis ancas.
―Se llama strapon ―me dice Sonsoles, que en cuestión de guarrerías es de lo más didáctica―, y sirve para cuando tu chico se deja poner mirando a Cuenca.
De Sonsoles lo mismo os hablo en otra ocasión, porque es buena chica, viuda reciente y de misa dominical, pero tiene lo suyo.
Pues eso, que dentro de los escarceos de pareja, me pone cambiar el juego de roles, pero Juan, para esas cosas… es muy suyo, al jodido le da reparo, se cierra como un mejillón, vamos, pero anda que no le gusta, al muy cabrito, usar la puerta de servicio.
Te haces una idea, ¿no? Canarias. Qué angustia, por Dios, solo de pensarlo. Un mes a palo seco, nunca mejor dicho.
Las del grupo de Adoratrices del CrossFit―sí, Sonsoles es la vicepresidenta― están empeñadas en que me lo monte con ellas; una forma de hablar, no vayáis a tirar por lo que no es: fitness, aerobic, yoga ayurvédico y Joao, el coaching brasilero que las tiene a todas alteradas, como en despedida de soltera con diadema cipotona incluida.
Pero no me veo. Si acaso, por matar el rato; un poco de ejercicio físico no viene mal y un mes sin mi Juan… Ahora, que para eso, con Mbappé me apaño divinamente y con un poquito de sexting; que se va a Canarias, no al Matto Grosso, y en las islas también funciona Internet; nos daremos vida.
Que no sabes qué es el sexting. Hija, eres la mar de antigua.
Se trata de mandarse por el móvil fotos cachondas, mensajes guarretes, vidilla, en suma. Mi Juan y yo estamos practicando para que, cuando se vaya, el mes se nos haga más llevadero.
Yo me quedo en el dormitorio, para que te hagas una idea, y él se encierra en el cuarto de baño; los dos con el móvil a mano, y nos mandamos fotos calientes… yo qué sé, échale imaginación, y mensajes del tipo: «Ahora mismo te comía…». Oye, que funciona.
La más de las veces tengo que aporrear la puerta del baño porque el salido se engancha con el juego y no repara en que estamos a metro y medio de pasillo. No veas cuando nos separe el océano. No me hago a la idea.
En fin, que estoy muy a gusto con vosotras, pero igual os dejo, porque me tienen que traer un sofá tántrico y debe estar al caer; a ver si nos da tiempo, a mi chico y a mí, de estrenarlo antes de que se vaya.
¿No sabes qué es un sofá tántrico, un sex lounge?
Tía, háztelo ver.
No es normal.
Con más tiempo te lo explico.
Ya, si eso, nos hablamos por privado.
¡Qué fuerte!

