AZUCENA, NO PUEDE SER
―Azucena, cariño, abre la puerta, no lo estropees, mujer, que ha sido una semana muy bonita, lo hemos pasado en grande y ahora, por un capricho… Con la ilusión que nos hacía este viaje: sol, playa, mojitos. Mi vida, no seas terca. »Aquí, conmigo, está el gerente del hotel, que…
UNA RETIRADA A TIEMPO
«Abuela que es Ricardito, tu nieto, que no es un boy», le gritaba tu madre, y la otra ni caso, enganchada al paquete del chaval como si le fuera la vida en ello. Casi tuvimos que llamar al resto del retén para que vinieran a rescatarlo. ¡Qué vergüenza, José Luis, qué vergüenza! ¿Y qué me dices de Angelines, la mujer de tu hermano? Empeñada en hacernos una demostración de sus avances en lo de la danza del vientre.
HA DEJADO DE LLOVER
«¡Dios, lo que daría por una piedra!», piensa mientras se aprieta con fuerza las costillas para sujetar los calambres. No se ha metido nada desde el mediodía y lo necesita. Busca refugio bajo la marquesina del Arlequín. El viejo cine dejó de funcionar hace mucho; ahora es un nido de ratas y albergue de vagabundos.
Desamor
El anillo era una brasa incandescente que palpitaba en la palma de su mano, un infierno líquido haciéndose fuerte en las entrañas, como el que debió padecer Abelardo después de la castración, solo que al clérigo le quedaba el consuelo de una Eloisa enamorada. Aflojó el puño y el aro cayó al suelo con un tintineo metálico, casi alegre, insultante, que ahondó todavía más en la herida de un corazón desgarrado por el desamor. No tuvo fuerzas para recuperarlo, como tampoco las tuvo para luchar por ella. La había dejado marchar y ya no quedaba nada en este mundo que justificara su existencia.
Sopa de rebollones
Se enfrentaron cuando Pascasio pudo ocultar parcialmente su desnudez con los calzoncillos de camuflaje; no es inteligente liarse a tortas entre retamas y en bolas porque en las pelambreras se te enganchan los cadillos. Se ponía los gayumbos de campaña siempre que hubiera alguna posibilidad de un «aquí te pillo», en medio de la naturaleza y como la Fuencisla era querendona de suyo, pues eso, que la había.
Si te parece, lo discutimos cenando
Vale que tú ya eras muy de Spengler cuando nos hicimos novios, pero debes entender que si relativizamos el conocimiento, no es posible establecer referentes morales o políticos válidos.
¿Vas a decirme que soy viejuno por tomar partido con Aristóteles frente a los sofistas? ¡Pero si Protágoras no tenía ni medio pase, mi amor! La medida de todas las cosas no es el hombre, en tanto en cuanto que defienda la certeza de cada uno como la medida de la verdad, porque habría tantas como paisanos. Eso se llama un sindios.
